jueves, 10 de febrero de 2011

Amanece sobre el pantano del Ebro


Los caminos siempre comienzan en los sueños. Elegir la ruta del amanecer es despertar en el interior de la vida. Soñar es asfaltar las duras realidades de lo cotidiano con la brea recalentada de las pasiones. Ver amanecer es tener la certeza de no saber donde ir; por eso sé que siempre llegaré. Cuando le sol está en lo alto, la realidad se convierte en una meta... Presenciar un amanecer es añadir más capital a las "cuentas corrientes del espíritu".Es al alba cuando hago recuento de todos mis bienes, y de tantos que son ni siquiera en mi mochila entran todos; el resto, los escondo entre los huecos de las rocas bajo la vigilancia de las flores siemprevivas.

La pasión del mirar


Notar el viento del amanecer es sentir cómo la mano de una novia acaricia mi piel. Han tenido que pasar más de treinta y cinco años, para darme cuenta de que siempre has estado ahí. Déjame que cuente cómo aquel amanecer me llevó a ti. Sospecho que tú sabes todo de mi. Ahora entiendo cómo más de una vez mis silencios se iban de mi, sin poder hacer nada por recuperarlos, porque tú me mandabas la niebla.
Quizás en el fondo yo también sepa casi todo de ti, por mucho que tardé en descubrir tu rostro.
Lo cierto es que ambos compartíamos los mismos trozos de cielos posados en las verdades del agua.

Manantiales de oro al amanecer


La noche es muy oscura, la senda se transforma en un punto de luz delante de mis pasos. Como si de un cíclope se tratase, voy rompiendo trozos de caminos hechos de seda de araña. No puedo evitar, a cada paso que doy, destrozar orillas de plata hechas de los silencios de la noche. Todo el camino que me lleva a la cumbre está bloqueado por cientos y cientos de telas de araña. Antes de rasgarlas con la luz de mi frontal, me detengo para ver tales maravillas unidas por hilos de seda que recuerdan un vestido de novia extendido en un a habitación oscura.
La brusquedad de mis pasos sigue ignorando esa ceremonia de espera, formada por figuras del rocío de la noche y el alba.

Plegaria del amanecer


Continuo mi camino en busca del amanecer “ No podéis imaginar la emoción casi dolorosa que supone el acariciar una tela de araña hecha del alma de todas las noches, bajo un cielo tan inmensamente estrellado”. Mi alegría por ver tantas estrellas es sólo comparable a la de las risas de todos los niños del mundo.
Seguir mi marcha es casi una profanación; mirar al cielo es sentir todo lo vivido anteriormente. Me quedé absolutamente vacío por dentro. Si no fuese por la amenaza del alba que ya se anuncia, me quedaría viviendo por siempre en aquella mirada hacia el cielo.

Océanos de verdades


Alzo mis brazos hacia las estrellas. Nadie me ve, la noche persiste cerrada. Puedo decir que las alcanzo, no hay testigos que lo desmientan. Sorprendo a las estrella más descuidada (algunas son como muchos humanos, aún confían en la inocencia). Intento guardarla en mi mochila, pero ella prefiere la oscuridad que forma el hueco de mis manos; cuando intento besarla, una lágrima se me adelanta, y ella desaparece. Miro al cielo, y el espacio dejado por su ausencia se ha cubierto por todas aquellas telas de araña que destrocé en mis prisas hacia el amanecer.

Con sus jinetes ausentes de lunas


Empieza a clarear. Es el tiempo de la llamada “hora fría”, donde nada existe y todo se anuncia. La hora en que todo es negociable, donde el alba y la conciencia se avienen a razones. Es al alba donde los desesperados encuentran su hogar. Al alba es cuando las dudas se hacen realidades durante el tiempo de espera al sol. Los minutos que dura el alba siempre son justicieros, absuelven los pecados de las noches y condenan a la incertidumbre las ilusiones que el sol nos trae. Es al alba cuando mejor se perfilan las montañas, cuando adivinamos los contornos de nuestra alma. La luz dura y nítida del alba nos perfila por dentro. En cambio, los primeros rayos del día nos deslumbran, nos impiden ver que hay más allá de nosotros… La luz del alba es la realidad del vivir. La luz del sol es la fantasía de vivir.

Durante la última semana de agosto y todos los domingos de septiembre y octubre no he dejado de subir a la cumbre del monte Endino. A diferencia de tantas otras veces, las motivaciones no son deportivas, esta vez ¡¡no!! Voy en busca de una oración hecha de imágenes. No me sirven las flores, tan sólo las nubes pueden ayudarme en honrar recuerdos.

Ahora comprendo dónde fue aquella estrella a la que intenté besar. Seguro que algo le dijo al sol, puesto que jamás vi un amanecer tan diferente, ni un mar de nubes tan lleno de plegarias. Contemplando me quedé sin palabras. Pasará a formar parte de aquellas imágenes que en los últimos suspiros de mi vida volverán…

Quedé absolutamente paralizado, frío. Incluso llegué a pensar que era un regalo de la estrella amiga. Pero lo cierto es que en treinta y algunos años, subiendo a la cumbre del Endino ¡¡jamás le había visto!! Me acerqué a él, por ver si era real, toqué su rostro, y noté la ausencia de todos los hombres en su mirada. Intenté descifrar su sonrisa, pero no pude ver otra cosa que sus palabras llenas de agua lejana. Quise saber del calor bajo su boina, tan sólo noté su piel hecha de piedra escondida en el musgo. Su perfil era tan perfecto, que llegue a pensar que era una obra de alguien que quiso perpetuarse en aquellas esperas de las trincheras.

Mares de nubes sobre el pantano


El no haberte visto antes se debe a una mera cuestión de perspectiva óptica, o quizás a mi estado anímico en busca de una oración…
Si no está en el punto exacto, por cerca que te encuentres, no es fácil verle. La hora ideal es al alba. Su rostro se ve proyectado hacia el pantano del Ebro, como si de un testigo incómodo por tanta belleza desparecida bajos las aguas se tratase.

El abuelo de Josiane


Eres el rostro de todos los hombres ausentes de todos los valles. Eres… Bueno ,permíteme que sea Josiane quién te explique lo que también eres para ella: “Cuando Andrés me mandó esta foto, pensaba ,seguro, alegrarme la tarde con una bonita y sorprendente foto de perfil toda de minerales. Pero la verdad fue que me regaló mucho más que un nuevo fondo de pantalla. Me traía recuerdos ,emociones, además de una sorpresa tremenda.
Este perfil que todos podéis ver, y donde aparece el rostro de un anciano es el perfil de mi abuelo. Se lo juro. Además de parecerse mucho al perfil del anciano que fue, con esta nariz fuerte y la eterna boina ya sin forma, este perfil mineral y humano dibuja una expresión como de una sorpresa muda. La misma expresión que llevaba tan a menudo, tal vez por haberse vuelto sordo a muy temprana edad. Abuelo Pepé, como te llamábamos tus nietos, esta sorpresa va para mi hermano a quien la enseñé y para mí, la nieta que aprendió el idioma que hablabas después de tu idioma materno, el catalán. Casi nos cruzamos la mirada por este amanecer en el monte. Me quedo con una sonrisa duradera, cobijada por tu sombra tan reconfortante para la niña que fue y espero seguir siendo. Como el eco de recuerdos de antes de las palabras, me trajo esta foto una alegría inexpugnable, con ganas de amaneceres suaves y alegres, con ganas de saber más de ti.