
Notar el viento del amanecer es sentir cómo la mano de una novia acaricia mi piel. Han tenido que pasar más de treinta y cinco años, para darme cuenta de que siempre has estado ahí. Déjame que cuente cómo aquel amanecer me llevó a ti. Sospecho que tú sabes todo de mi. Ahora entiendo cómo más de una vez mis silencios se iban de mi, sin poder hacer nada por recuperarlos, porque tú me mandabas la niebla.
Quizás en el fondo yo también sepa casi todo de ti, por mucho que tardé en descubrir tu rostro.
Lo cierto es que ambos compartíamos los mismos trozos de cielos posados en las verdades del agua.
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