jueves, 10 de febrero de 2011

Océanos de verdades


Alzo mis brazos hacia las estrellas. Nadie me ve, la noche persiste cerrada. Puedo decir que las alcanzo, no hay testigos que lo desmientan. Sorprendo a las estrella más descuidada (algunas son como muchos humanos, aún confían en la inocencia). Intento guardarla en mi mochila, pero ella prefiere la oscuridad que forma el hueco de mis manos; cuando intento besarla, una lágrima se me adelanta, y ella desaparece. Miro al cielo, y el espacio dejado por su ausencia se ha cubierto por todas aquellas telas de araña que destrocé en mis prisas hacia el amanecer.

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