jueves, 10 de febrero de 2011


Quedé absolutamente paralizado, frío. Incluso llegué a pensar que era un regalo de la estrella amiga. Pero lo cierto es que en treinta y algunos años, subiendo a la cumbre del Endino ¡¡jamás le había visto!! Me acerqué a él, por ver si era real, toqué su rostro, y noté la ausencia de todos los hombres en su mirada. Intenté descifrar su sonrisa, pero no pude ver otra cosa que sus palabras llenas de agua lejana. Quise saber del calor bajo su boina, tan sólo noté su piel hecha de piedra escondida en el musgo. Su perfil era tan perfecto, que llegue a pensar que era una obra de alguien que quiso perpetuarse en aquellas esperas de las trincheras.

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